| Echa a tu cliente |
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Es una verdad como un templo: hay clientes que son venenosos. Lo malo es que solemos parenderlo de la forma más dura, cuando ya nos han mordido. Son esos clientes que nos hacen sufrir, que nos obligan a trabajar fuera de horas, que siempre se quejan de nuestro trabajo y de nuestras tarifas y que al final acaban pagando poco y mal.
El problema es que muchas veces nos negamos a ver la realidad. Nos engañamos pensando que con un poco más de esfuerzo conseguiremos que acepte que el trabajo está bien terminado y nos pague. A veces estos clientes son hábiles, y van entregando algo de dinero, o nos hablan de futuros proyectos, o de como van a recomendar nuestro trabajo a sus conocidos. Y engañados por esas expectativas, seguimos dedicandoles nuestros mejores esfuerzos.
Luego está el miedo, legítimo, a dejar un cliente insatisfecho que irá quejándose de nosotros por ahí y creándonos mala fama. Piensas también que conseguir otros clientes será difícil, y que más vale malo conocido que bueno por conocer. Así que esperamos conseguir apaciguar a la bestia, y seguimos trabajando un día y otro.
Y mientras le dedicamos cada vez más tiempo y esfuerzo, vamos minando nuestra capacidad de trabajar para otros. El cliente venenoso no solo te roba el tiempo que le dedicas, sino que las preocupaciones y los disgustos acaban haciendo mella y afectando a tu capacidad para disfrutar de tu profesión.
Cuando tienes un cliente así, no merece la pena seguir trabajando para él. Simplemente, despídele. Hazlo de la mejor manera posible, sin malos modos, pero deja de dedicarle tiempo cuanto antes.
Lo primero que debes hacer es hablar claro con él. Lo mejor es elaborar un documento en el que se resuma la situación del proyecto, y se detallen los pasos a seguir para finalizarlo. Debe incluir también la propuesta de pagos para terminar.
Si el cliente está de acuerdo con lo especificado en el documento, procura cumplirlo y terminar lo antes posible. Pero no admitas ninguna variación, ni ningún retraso en los pagos. Si no está de aceurdo, o no cumple su parte, simplemente envíale una carta explicando que en esas condiciones no puedes seguir trabajando para él.
Y descansa.
Busca nuevos clientes, y al cabo de unos meses descubrirás el placer que supone colaborar con gente que valora tu trabajo, que es educada y que respeta tu criterio profesional. Y cuando pienses en el cliente venenoso, te preguntarás ¿cómo pude aguantarle tanto tiempo?
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